Ante el debate sobre regular o prohibir el uso de celulares y tabletas en las escuelas de México, la Iglesia católica advirtió que esa medida “puede ser un buen comienzo”, pero resultará insuficiente si los adultos no revisan primero sus propios hábitos digitales.
Según la institución, la dependencia de las pantallas no es un problema exclusivo de niñas, niños y adolescentes: también alcanza a madres y padres de familia, que necesitan herramientas para poner límites y hacer un uso responsable de la tecnología en casa.
En un posicionamiento difundido este domingo, la Iglesia planteó que cualquier regulación escolar debe ir acompañada de una reflexión dentro de los hogares, pues el problema no se limita al tiempo que los menores pasan frente a una pantalla, sino también al ejemplo que reciben de los adultos. El documento cuestiona directamente a los padres: “Está bien conocer cuánto tiempo pasan nuestros hijos frente al celular, pero también debemos preguntarnos cuánto tiempo pasamos nosotros”, y los invita a pensar cuántas veces han pedido a sus hijos soltar el teléfono mientras ellos seguían con el suyo, o cuántas conversaciones familiares se han visto interrumpidas por atender una notificación.
La institución subrayó que los adultos también han cedido a las pantallas momentos que antes se destinaban a la conversación, el silencio, la lectura, el descanso y la convivencia familiar. Sin desconocer los beneficios de la tecnología cuando se usa de forma adecuada, el documento señala que el problema de fondo no son los dispositivos ni las redes sociales en sí mismos, sino los contenidos distorsionados que circulan a través de ellos, y advierte que, en ausencia de capacidad crítica, límites claros y acompañamiento familiar, esos contenidos pueden derivar en distintas problemáticas para los menores, expuestos de forma permanente a estímulos, tendencias y modelos de vida que no siempre saben procesar.
La Iglesia también llamó a fomentar el pensamiento crítico frente al enorme volumen de información —y desinformación— que circula en el entorno digital. “El espíritu crítico debe ser bienvenido: un alumno que pregunta, contrasta y cuestiona está aprendiendo”, señala el posicionamiento, aunque advierte que el riesgo aparece cuando los contenidos de las redes sociales adquieren más autoridad que la palabra de padres o maestros, simplemente por resultar más atractivos o populares.
La institución insistió en que es válido discutir la regulación de los celulares en las escuelas, pero consideró un error pensar que una prohibición bastará por sí sola para resolver el problema. El reto, sostuvo, es que tanto adultos como menores entiendan que las herramientas digitales deben estar al servicio de las personas, y no al revés. Asimismo, pidió evitar que autoridades y adultos se conviertan en “jueces de las nuevas generaciones”, sobre todo porque hace apenas algunos años se promovía activamente la llegada de computadoras y tecnología digital a las aulas.
Finalmente, la Iglesia planteó que educar para el mundo digital exige tiempo, presencia y acompañamiento familiar, y cerró con una pregunta dirigida a los adultos: “¿Estamos dispuestos a sentarnos junto a nuestros adolescentes y niños, conocer lo que miran, escuchar lo que les preocupa y ayudarlos a construir criterios para discernir lo que encuentran en una pantalla? ¿Estamos dispuestos a poner en pausa la pantalla de nuestro celular para escucharlos?”.




