Un derrame de petróleo en el Golfo de México ha encendido las alertas ambientales tras extenderse por más de 600 kilómetros de litoral, impactando principalmente las costas de Veracruz y Tabasco.
De acuerdo con reportes recientes, la mancha de hidrocarburo ha alcanzado hasta 630 kilómetros, afectando manglares, playas y zonas arrecifales consideradas de alta biodiversidad.
Organizaciones como Greenpeace han advertido que el derrame “sigue sin control”, señalando que gran parte de las zonas afectadas no han sido atendidas y que el crudo continúa llegando a diversas playas.
La presidenta Claudia Sheinbaum informó que la Fiscalía General de la República ya investiga el caso, al considerar que podría tratarse de un delito ambiental.
Según las primeras indagatorias, el derrame habría sido provocado por un barco de una empresa privada, descartando —hasta el momento— responsabilidad directa de Petróleos Mexicanos (Pemex), aunque la paraestatal participa en las labores de limpieza.
El derrame ha generado afectaciones en comunidades pesqueras y turísticas, que reportan pérdidas económicas y riesgos para la salud, además de daños a fauna marina como peces, tortugas y manatíes.
Habitantes de la zona incluso han tenido que participar en labores de limpieza sin equipo adecuado, mientras autoridades continúan con trabajos de contención en distintos puntos del Golfo.
Pemex informó que mantiene operativos con personal especializado, embarcaciones y equipos para recuperar el hidrocarburo; sin embargo, las condiciones climáticas han complicado las tareas.