En Línea Deportiva Pepe Hanan
La Final del Mundial 2026 terminó 1-0.
Muchos dirán que España derrotó a Argentina con un gol de Ferran Torres al minuto 106 del tiempo extra.
Las estadísticas hablarán de la posesión, de los remates, de los cambios, de la expulsión de Enzo Fernández o de la extraordinaria actuación de Emiliano Martínez.
Todo eso ocurrió.
Pero, permítame decirle algo, amigo lector.
El Sistema Hanan sostiene que las finales no comienzan con el silbatazo inicial.
Comienzan mucho antes.
Comienzan cuando un seleccionador consigue que el partido se juegue exactamente como él lo imaginó.
Y eso fue exactamente lo que hizo Luis de la Fuente.
Lo anticipamos antes de la Final:
En la columna previa escribimos una idea que hoy adquiere un significado enorme.
España no necesitaba únicamente ganar.
Necesitaba vencer a Argentina.
Parecía un juego de palabras.
No lo era.
Ganar significaba levantar la Copa.
Vencer significaba algo mucho más profundo.
Obligar a la Argentina de Lionel Scaloni a jugar el partido que España quería.
Y eso ocurrió desde el primer minuto.
O quizá desde antes.
Desde el vestidor.
El monopolio del balón Los números son contundentes.
España terminó monopolizando cerca del 68 % de la posesión.
Argentina vivió el partido persiguiendo el balón.
Rodri volvió a convertirse en el director de la orquesta. Cada pase era una decisión.
Cada circulación era un desgaste para el rival.
Cada minuto sin balón aumentaba la ansiedad argentina.
Durante los noventa minutos reglamentarios,
Argentina no registró un solo disparo al arco.
Esa cifra, por sí sola, resume la Final.
No porque España defendiera extraordinariamente, sino porque Argentina jamás consiguió instalar el partido donde quería.
La decisión más importante Antes del encuentro escribimos que Argentina necesitaba anotar primero.
También dijimos que debía recuperar el balón, atacar a Rodri, hacer retroceder a los extremos españoles y convertir el partido en un intercambio de golpes.
No ocurrió nada de eso.
España tuvo la pelota.
España eligió el ritmo.
España eligió el territorio.
España eligió cuándo acelerar.
España eligió cuándo descansar con el balón.
Luis de la Fuente decidió.
Lionel Scaloni reaccionó.
Y cuando un seleccionador deja de decidir para comenzar únicamente a responder, normalmente el destino del partido ya cambió de dueño.
El héroe equivocado
Hay un dato que resulta revelador:
La gran figura argentina fue Emiliano “Dibu” Martínez. Realizó una actuación extraordinaria.
Pero, cuando el mejor futbolista de una Final es tu portero, normalmente significa que el partido se disputó demasiado cerca de tu propia portería.
España terminó el encuentro con una veintena de remates.
Argentina pasó gran parte de la noche defendiendo.
No era el plan.
Fue la consecuencia.
La autoderrota Quizá el mayor descubrimiento del Sistema Hanan en este Mundial sea este.
Existen derrotas provocadas por el rival.
Y existen derrotas construidas por uno mismo.
No porque un seleccionador quiera perder.
Sino porque, decisión tras decisión, termina aceptando exactamente el escenario que desea su adversario.
España quería monopolizar el balón.
Argentina lo aceptó.
España quería jugar instalada en campo rival.
Argentina lo aceptó.
España quería desgastar física y mentalmente a su adversario.
Argentina lo aceptó.
España quería que la figura fuera el portero argentino.
Argentina también terminó aceptándolo.
La expulsión de Enzo Fernández al final del tiempo reglamentario terminó por inclinar definitivamente una balanza que ya venía cargándose desde mucho antes.
El gol de Ferran Torres al minuto 106 fue la consecuencia.
No el origen.
El último sobreviviente Durante ocho partidos seguimos las decisiones de Luis de la Fuente.
Tres encuentros de fase de grupos.
Dieciseisavos de final. Octavos.
Cuartos. Semifinal.
Y la Final. Nunca traicionó su identidad.
Nunca renunció al balón.
Nunca modificó su esencia por miedo al rival.
Esa, quizá, fue su mayor decisión.
Por eso hoy no solamente es campeón del mundo.
Es el último sobreviviente.
Porque los entrenadores preparan partidos; los seleccionadores sobreviven Mundiales.
Y en Nueva York, Luis de la Fuente demostró que la mayor victoria no fue levantar la Copa.
Fue conseguir que Argentina jugara exactamente el partido que España había diseñado.
Ahí terminó realmente la Final.
Mucho antes del gol de Ferran Torres.
Ahí nació el campeón del mundo.
Y ahí terminó esta historia.
Porque, al final, la gloria nunca perteneció al más brillante.
Perteneció al último hombre que quedó de pie.
Mientras tanto, y hasta el silbatazo inicial en Uruguay en 2030, nosotros…
VEREMOS Y DIREMOS.
Nosotros, como siempre, seguiremos en línea.
Hasta la próxima.
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