Martha Berra
Lo que se dijo hoy en Puebla importa más por el diagnóstico que por los nombres y es que el crimen organizado no opera solo, opera acompañado. “El Moco” en la Sierra Norte, “El Toñín” en la región de Quecholac y Tecamachalco, y “El Pelle” en la Mixteca. Tres territorios, tres perfiles distintos pero con una misma variante: una red de protección que incluye alcaldes, funcionarios y hasta candidatos o aspirantes.
Eso fue lo que expuso este lunes el secretario de Seguridad, Francisco Sánchez González, al señalar que Juan N., mejor conocido como “El moco”, construyó contactos en los tres órdenes de gobierno, lo que le permitió evadir la justicia y mantener inmunidad en territorios enteros.
Eso mismo reconoció el gobernador Alejandro Armenta al admitir que la captura de “El Toñín” se complica por las complicidades que lo rodean. Decirlo en voz alta no es poca cosa porque reconocer que el problema tiene raíces políticas y empresariales es el primer paso para atacarlo, y no todos los gobiernos están dispuestos a hacerlo como es el caso de Puebla.
Aquí es donde la coordinación con el Gobierno de México, y en particular con el trabajo que encabeza Omar García Harfuch, deja de ser un trámite y se vuelve la pieza central. Las redes de protección no se desmontan con operativos aislados ni con voluntad local únicamente, requieren inteligencia, análisis financiero, cooperación entre fiscalías y capacidad para actuar más allá de los límites estatales.

El caso de “Los Rojos”, originarios de Guerrero y con presencia en puntos como Acatlán, y el trabajo conjunto con Oaxaca para ubicar a “El Pelle”, muestran que el delito no respeta fronteras.
Queda además una advertencia con vista al 2027. Si hay aspirantes con vínculos con el crimen, la elección será una prueba para todos. El gobernador pidió a los partidos no postular perfiles ligados a actividades delictivas, como ocurrió en las pasadas con Chignahuapan y su moco mal oliente y pegajoso.
Prometió que la Fiscalía investigará sin importar colores ni cercanías. Es la promesa más difícil de cumplir, porque exige que el filtro funcione antes de que alguien llegue a la boleta.
El reto entonces, no es solo detener a los líderes, sino cortar los hilos que los sostienen. Por lo que no será novedad que en próximas semanas o meses se den las capturas de los que aún faltan.
Puebla tiene hoy un discurso claro y un respaldo federal relevante. Lo que sigue es que los nombres que hoy se mencionan en conferencias terminen en audiencias, y que las complicidades, esas que todos saben que existen, dejen de ser una explicación y se conviertan en expedientes.




