Martha Berra
Primera parte
Hay terrenos que cuentan historias mejor que cualquier expediente judicial. Uno de ellos está en la zona de mayor plusvalía de Puebla. Ahí, donde debía levantarse el complejo de tres torres My Residence, hoy solo queda un hoyo. Y la historia debe comenzar por el principio, porque el principio ya olía raro.
Un terreno regalado, dos veces
En 2004, el entonces gobernador priista Melquiades Morales donó un predio de 20 mil metros cuadrados al Consejo Coordinador Empresarial (CCE) de Puebla para que la cúpula empresarial construyera ahí su sede. Dos décadas después, ese “regalo” del erario a la iniciativa privada seguía sin darle una sola utilidad a la sociedad poblana, según documentó La Jornada de Oriente. En el camino, el gobierno panista de Rafael Moreno Valle le retiró 14 mil metros cuadrados al CCE y dejó al organismo con apenas 6 mil.
Y fue justo con esos 6 mil metros donde se montó el numerito de My Residence: un proyecto de 500 millones de pesos, tres torres de suites y locales comerciales, presentado como la nueva joya inmobiliaria de Angelópolis. En junio de 2016, Rafael Moreno Valle colocó personalmente la primera piedra, acompañado del entonces presidente del CCE, Fernando Treviño Núñez, y del edil poblano Luis Banck Serrato. El gobernador no escatimó elogios para los inversionistas de Blueicon, la constructora detrás del proyecto, les agradeció, en público, que estuvieran invirtiendo sus recursos en el estado y ya sabemos, todo el acto protocolario con la crema y nata de Puebla.
El problema es de quién era, en realidad, ese dinero que tanto agradecía.
Blueicon, Sonata y las 47 empresas
Blueicon Technology no era una constructora cualquiera. De acuerdo con el expediente C.I./PGR/UEAF/0001/2015-04, al que tuvo acceso la revista Proceso, la empresa formaba parte de una red de al menos 12 sociedades vinculadas a un presunto esquema de lavado de dinero, cuyos principales accionistas eran Javier de Lope Francés y Adolfo Ernesto Hernández Martínez. La Procuraduría General de la República y la entonces Secretaría de Hacienda documentaron que ambos habían constituido 47 empresas en las que figuraban como socios o representantes legales, y que compartían cargos directivos en al menos 12 de ellas. Seis reportaban como giro la construcción; siete, la comercialización de equipos de cómputo y software.
El nombre que unió todo este entramado con la vida cotidiana de la clase media alta poblana fue Distrito Sonata, el desarrollo comercial y de entretenimiento que Javier De Lope construyó en el sur de la ciudad y que lo catapultó, en pocos años, de vendedor de pines y portarretratos de madera, así lo describía su propio perfil de joven emprendedor reconocido por Vicente Fox en 2001, a uno de los constructores más prósperos de la zona más cara de Puebla. Esa prosperidad, coinciden las investigaciones periodísticas, arrancó de forma casi milagrosa justo en 2011, con la llegada de Moreno Valle al gobierno estatal. Cuatro años bastaron para que dos empresarios sin abolengo ni apellido conocido en el círculo empresarial poblano administraran cientos de millones de pesos y se convirtieran en los reyes del ladrillo de lujo en Lomas de Angelópolis.
Las autoridades federales, según reportó Proceso, llegaron a plantear una hipótesis incómoda: que los nombres de los supuestos dueños, eran en realidad prestanombres. De ahí las intervenciones telefónicas autorizadas por un juez desde 2015, buscando llegar a quien de verdad estaba detrás del capital.
My Residence nunca se terminó. En octubre de 2016 estalló públicamente el escándalo de lavado de dinero contra Blueicon y las obras se detuvieron. Lo que siguió fue que el propio dirigente del CCE en turno, Carlos Montiel Solana, declarara que pese a las acusaciones seguirían trabajando con la empresa porque “conocía bien” a los empresarios, y llegó a calificar el escándalo como un golpeteo político contra Moreno Valle. Años después, ya con el gobierno de Luis Miguel Barbosa, el litigio por el predio terminó con la rescisión del contrato de comodato. Del sueño inmobiliario solo quedó, literalmente, un hoyo.
Javier de Lope Francés nunca fue formalmente sentenciado por estos hechos y su defensa ha insistido, a lo largo de los años, en desligarlo de sociedades específicas señaladas en la prensa.
En la segunda parte de esta columna contaremos cómo, casi una década después del escándalo de Sonata y My Residence, ese mismo empresario reaparece al frente de un ambicioso negocio hospitalario, hoy en plena expansión hacia Centroamérica, con la bendición pública de un jefe de Estado extranjero. La pregunta que dejaremos planteada es simple: ¿aprendió Puebla algo del hoyo de Angelópolis, o solo cambiamos el ladrillo por Fifty Doctors?




