La cuchara grande de Liz Sánchez

Atlixco arde, literal y políticamente y la relación entre Liz Sánchez y Ariadna Ayala merece una lupa especial

La cuchara grande de Liz Sánchez

En política hay lealtades que se construyen con votos, otras con acuerdos y algunas más con aquello que, en los pasillos del poder, se conoce simplemente como “yo te ayudo y tú me ayudas”.

Atlixco arde, literal y políticamente y la relación entre Liz Sánchez y Ariadna Ayala merece una lupa especial, ya que justamente estamos hablando de una “lealtad, yo te ayudo y tú me ayudas”.

Desde que Lizeth Sánchez García dejó la Secretaría del Bienestar estatal en la administración del finado Miguel Barbosa, ha construido algo más parecido a una franquicia familiar que a un proyecto político.

Empecemos por su hermano, Refugio Alejandro Sánchez García, quien llegó de regidor propietario en el ayuntamiento de Atlixco dentro de la planilla de Ariadna Ayala, y hoy encabeza la Comisión de Salud del municipio.

Luego tenemos a otra hermana, Karen Sánchez García, designada coordinadora del PT en el Distrito 5 con cabecera en San Martín Texmelucan, con vista puesta ya en 2027. Aunque ojo, Liz Sánchez siempre ha querido la alcaldía de su municipio natal o la de Puebla, a ninguna de las dos les haría el “fuchi”.

Cuando le cuestionaron las posiciones de sus hermanos en distintos cargos, la propia senadora no lo negó; dijo, con esa oratoria estilo 4T que la caracteriza que sus hermanos “tienen derecho a aspirar” como cualquiera.

Pero, el acomodo familiar no se detuvo en el cabildo de Atlixco, ya que oooootra hermana, María del Carmen Sánchez García, habría encontrado también acomodo institucional en la Corde 18 de Texmelucan en el 2019.

Pero no sólo se trata de un tema familiar, sino también de amiguismo y de conveniencia. ¿Cuánta de la fuerza de Liz Sánchez proviene de su propio capital político y cuánta de las redes que ha construido alrededor del poder? Porque Liz ha sabido jugar sus cartas, eso no se discute.

La Secretaría del Bienestar es un buen ejemplo. Después de que acomodara a Iván Herrera Villagómez, a su salida, habría buscado que la dependencia permaneciera bajo control del Partido del Trabajo impulsando el nombre de Francisco “Paco” Ayala, una apuesta para la que finalmente no le alcanzó.

Mientras que por los ayuntamientos de la región circula, Miguel Meneses, quien se presenta ante alcaldes y funcionarios municipales como “el operador” de la senadora para gestionar obra pública. Pero la realidad es que una versión política no equivale a una prueba de tráfico de influencias.

La cuchara grande, tal vez sería la cercanía con el dirigente nacional del PT, Alberto Anaya, pilar de la trayectoria política de la senadora. Pero con todo, a Liz Sánchez el ruido parece no incomodarle demasiado. Su fórmula es simple: mientras nadie le toque “su chamba” ni cuestione su cercanía con el profesor Anaya, todo lo demás es, ruido de pasillo. Ni siquiera parece pesarle llegar a casi año y medio de Senado sin una sola iniciativa propia aprobada, con apenas dos de su autoría presentadas y ambas todavía atrapadas en comisiones.

Sin embargo, sueña alto. Quienes la tratan de cerca aseguran que la meta ya no es la alcaldía de Puebla, ni mucho menos la de Texmelucan, sino la gubernatura. El problema es que las gubernaturas, a diferencia de las regidurías, no se heredan entre hermanos, no se negocian con operadores de obra, ni basta conservar la mesa con la que se ha servido en cuchara grande.

Así que mientras Atlixco enfrenta su propia tormenta, habrá que observar con atención quiénes están defendiendo a quién, quiénes conservan sus posiciones y, sobre todo, qué factura política se está pagando detrás de tanta lealtad.