Martha Berra
En política, las palabras nunca son inocentes ni casuales. Y cuando el gobernador Alejandro Armenta decide hablar de nepotismo, herencias de poder y límites familiares, el mensaje no solo se dirige al presente, también reescribe el pasado y anticipa el futuro.
Las declaraciones de este martes, en las que afirmó que le daría vergüenza heredar el poder a su esposa o a su primo (en clara alusión al episodio de Rafael Moreno Valle y Martha Erika Alonso, así como a Ignacio Mier Velasco) son una toma de postura que conecta con el hartazgo frente a las dinastías o cacicazgos políticas.
El señalamiento es potente porque toca una herida abierta en Puebla, que es la concentración del poder en círculos familiares. Por eso, cuando el gobernador Armenta Mier fija distancia, construye una narrativa de diferenciación que va de la mano con la de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Decir que no permitirá que familiares intervengan en decisiones públicas o acudan a instituciones como si tuvieran un “pasaporte a la impunidad” es una declaración contundente, pero, ¿es suficiente la voluntad personal para aniquilar viejas prácticas políticas?.
Porque el nepotismo en México no siempre se trata de heredar directamente un cargo; muchas veces opera en nombramientos, influencias indirectas, operadores políticos con vínculos familiares y es ahí donde el discurso enfrenta su primera prueba.
Por ejemplo, el mensaje que envió el gobernador seguramente le hizo “ruido” al secretario general del Congreso, Julio Leopoldo de Lara, quien según legisladores locales ha defendido su actuación bajo el argumento del respaldo del ejecutivo estatal. Lo que evidencia la delgada línea entre la cercanía política y la percepción de privilegios.
Y es precisamente en esa percepción donde se juega gran parte de la credibilidad del gobierno porque el discurso obliga a una congruencia absoluta. Donde ahora el mensaje político no solo es ético, es estratégico.
Por ahora, las palabras del gobernador trazan una ruta clara y mensajes con copia al futuro. La ciudadanía no evaluará las frases pero sí las decisiones. Esas donde a veces se complica la narrativa.